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“Tocando las heridas de Cristo” Gianluca encontró el sentido de su vida

gianluca loperfido

“Tocando las heridas de Cristo” Gianluca encontró el sentido de su vida

Desde que era un niño se dejó conmover por los excluidos de su tiempo y encontró en ellos el rostro de Cristo.

Por décadas, al igual que en otras ciudades europeas, en los suburbios de Tarento (Italia) sus habitantes batallan a diario con problemas como la precariedad laboral, la delincuencia, la drogadicción y la pobreza.

En este escenario nació Gianluca Loperfido, el 21 de marzo de 1990, en una familia de cinco hijos. De niño participaba en la parroquia San Francesco de Geronimo, junto al padre Nino Borsci quien, por ser además delegado diocesano de Cáritas, gestionaba varios centros de rehabilitación para adictos, como también albergues para inmigrantes y personas sin hogar.

Gianluca, que era monaguillo junto a sus hermanos gemelos, Roberto y Salvatore, disfrutaba de acompañar al padre Nino en sus visitas a los albergues. Ser solidario estaba en su ADN.

Con el sello de los abuelos
gianluca loperfido nona
Gianluca con su “nona”, Pasqualina

Luego, ya siendo un adolescente, Gianluca visitaba Bélgica para pasar las vacaciones de verano con su abuela Pasqualina en Winterslag, un distrito para los sufridos obreros del carbón en Genk. “Esas historias llenas de sufrimiento y también de mucha esperanza me hicieron madurar en lo personal, sobre todo en mi vocación. Todos los años la familia volvía de vacaciones a Tarento, la ciudad natal de mis abuelos, y fue allí donde mi mamá conoció a mi papá y formaron una familia con cinco hijos”, recuerda.

En 2011, Gianluca, luego de su graduación, se mudó también a Bélgica de forma estable y ganó experiencia como chef en varios restaurantes italianos de Genk pero sin abandonar su identidad solidaria, ahora en la misión católica del distrito de Waterschei.

Dar un Sí a Cristo
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En aquel tiempo, dice, sus experiencias de la infancia y adolescencia, viviendo una fe encarnada en el servicio a los más pobres, fueron consolidando en su alma juvenil una incipiente certeza de que quizá sería feliz dedicando su vida a esto. “En el restaurante donde trabajaba conocí a un vagabundo que venía todas las noches después de mi horario laboral a buscar algo de comida. Con el permiso del dueño, todas las noches preparaba algo que sobraba y lo dejaba afuera. Al otro día, descubrir que la comida había sido consumida me llenaba de inmensa alegría”, cuenta.

Todas estas vivencias, pasadas por el cedazo del discernimiento –gracias al apoyo del sacerdote misionero italiano Gregorio Aiello– le permitieron a Gianluca avanzar para darle un Sí a Cristo. Y el impulso final vino cuando el año 2013 el Espíritu Santo regaló a la Iglesia el renovador Pontificado de Papa Francisco, que confirmó en Gianluca –como en millones de mujeres y hombres de buena voluntad– la urgencia de regresar a una experiencia de amor a Dios y al prójimo, a una fe, enraizada en el Evangelio de Jesús.

“El Papa Francisco nos invita a menudo a ir a las periferias existenciales”, comenta Gianluca, y añade: “Yo nací en los suburbios. Mi vocación fue moldeada ahí, reconociendo en los pobres, inmigrantes y drogadictos el rostro de Cristo… Tocando las heridas de Cristo en el sufrimiento (de los descartados) aprendí que la vida es un darse a los demás, especialmente a los que sufren y son marginados por la sociedad”.

¡Sacerdote!
Gianluca Loperfido

El 15 de agosto de 2023, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, Gianluca fue ordenado sacerdote en la Parroquia de San Martino en Genk por Mons. Patrick Hoogmaartens, obispo de la diócesis de Hasselt.

Desde septiembre de 2023 Gianluca se convirtió en vicario de 11 parroquias repartidas entre Bree y Bocholt, en el norte del país, y además coopera en el servicio juvenil interdiocesano de la Iglesia en Flandes (o Región Flamenca de Bélgica).  

“La mayor parte del tiempo trabajo con un grupo de jóvenes llamado Caminemos juntos en la fe y, más que con la explicación de la Palabra, trato de guiarlos al encuentro con Dios a través de experiencias fuertes, (acompañando a personas) en cárceles, residencias, centros de discapacitados, con gitanos, inmigrantes, etc.” comenta Gianluca y explica: “Creo que esto permite reconocer en los sufrimientos del prójimo los del Señor, que murió por nosotros, y así nos acercamos a la fe. Al igual que la Iglesia primitiva, debemos volver a ser una iglesia familiar, sencilla pero rica en fe y amor mutuo, redescubriendo que la sencillez es esencial, tal como Jesús nos enseñó”, destaca.

Fuentes: Inform.it / ACIPrensa / Rome Reports

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