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Padre Nate, el capellán que batalla por ganar almas para Cristo desde ESPN y en las canchas de fútbol americano

Padre Nate Wills

Padre Nate, el capellán que batalla por ganar almas para Cristo desde ESPN y en las canchas de fútbol americano

“No soy digno de ser ‘In persona Christi’. No soy digno de estar en este altar frente a toda esta gente, muchos de los cuales son mucho más santos que yo. A menudo pienso en el increíble privilegio que es hacer lo que hago, y me siento honrado de hacerlo”.

Durante la mayor parte de los últimos 20 años, el padre Nate Wills había predicado a grandes multitudes. De hecho, la Basílica del Sagrado Corazón en el campus de su amada Universidad de Notre Dame, tiene capacidad para unas 800 almas cuando las bancas están llenas. Pero este año 2023 enfrentó algo del todo diferente.

A última hora de la mañana del sábado 23 de septiembre, el padre Nate no estaba predicando desde el púlpito de la basílica, ni en la capilla del dormitorio de Keough Hall, donde es sacerdote residente. ¡Estaba el set de “College GameDay” de la ESPN!, siendo escuchado por millones de espectadores antes del partido de fútbol americano de Notre Dame contra Ohio State. Más de 2.1 millones de personas en todo el país habían sintonizado para escuchar a los analistas de ESPN desmenuzar el juego; pero lo que obtuvieron, durante un breve segmento, fue al padre Nate, vestido de negro y con el cuello romano blanco, predicando sobre las medallas de oración y la vida de San Marcos.

Con fanáticos vestidos de verde y oro gritando en el fondo, la reportera de ESPN Jessica Sims presentó a padre Nate, capellán del equipo de fútbol americano de Notre Dame, y le preguntó sobre la tradición de 100 años de la escuela de repartir medallas de santos a los jugadores antes de los juegos. El sacerdote de la Santa Cruz, de 46 años, respondió a Sims (y a los millones de personas que lo vieron por televisión): “Es una gran tradición aquí en Notre Dame, y es solo un recordatorio de las valiosas vidas de los santos y de que hay muchos caminos para ir a Jesús”.

Sims preguntó sobre la medalla para el juego contra Ohio State, y mientras el padre Nate hablaba a los espectadores, se les mostró una foto de una medalla con la imagen de San Marcos en el frente y las palabras “Pray for Us” en la parte posterior. El Padre comentó: “La medalla de hoy es especial. Era un evangelista, un amigo de San Pedro y alguien que usó sus dones para edificar el reino de Dios”.

Cuando el sacerdote terminó su minuto de homilía con palabras de alabanza a Dios, la multitud detrás de él explotó en vivas y aplausos.

La vocación

Mientras crecía en St. Paul, Minnesota, el Padre Nate Wills recuerda que comenzó a discernir su vocación al sacerdocio durante la escuela secundaria. Al igual que innumerables jóvenes católicos de su generación, esa semilla fue completamente plantada después de hacer una peregrinación a la Jornada Mundial de la Juventud en Denver en 1993, cuando el Papa San Juan Pablo II desafió a los jóvenes presentes a “tener el coraje de comprometerse con la verdad” y a “abrir sus mentes y corazones a la belleza de todo lo que Dios ha hecho y a Su especial, amor personal por cada uno de ustedes”. Escuchen la voz de Cristo, dijo el Papa –recuerda padre Nate– “¡Escucha su voz y síguelo!”.

A los 16 años, el padre Wills aceptó el reto. “Simplemente me hizo pensar de una manera diferente sobre cómo estaba viviendo mi fe y la propiedad personal de mi fe”, cuenta el padre Nate al periódico digital Today’s Catholic. Fue en Denver, dice, donde se dio cuenta de que Cristo “no solo quiere tu corazón, sino algo más: una respuesta. Así que empecé a preguntarme: ‘¿Qué significa eso?'”.

A diferencia de muchos niños católicos del Medio Oeste, él no creció soñando con asistir a la Universidad de Notre Dame. Pero su hermano mayor sí. A mediados de la década de 1990, Nicholas Wills cumplió ese sueño al convertirse en un jugador del equipo de baloncesto de la universidad. Fue solo mientras visitaba a Nicholas en el campus que el padre Nate se enamoró de la escuela y de la orden religiosa que la dirigía. “Fui a visitar a mi hermano a Notre Dame, e inmediatamente pensé: «Oh, este es el lugar al que quiero ir». Era perfecto. Era exactamente lo que necesitaba”.

Sobre los sacerdotes de la Congregación de la Santa Cruz que conoció allí en la Universidad recuerda que “eran tipos que hacían preguntas difíciles y no tomaban respuestas simples sobre su fe”. Pero esto, añade, no le resultaba incómodo… “en última instancia, la razón por la que vine fue porque vi a personas que eran como yo. Y la razón por la que creo que me he quedado es porque amo la misión y el carisma de la Santa Cruz, ser educadores en la fe. Me encanta la idea de que la cruz sea nuestra esperanza. Y honestamente, la gente dentro de Holy Cross me ha alentado y desafiado a ser mucho más de lo que podría hacer por mi cuenta”.

“Solo necesitamos que los lleves a Jesús”

El Padre Nate Wills fue ordenado sacerdote de la Congregación de la Santa Cruz en 2006 y durante años desempeñó diversos servicios parroquiales y pastorales en la Universidad.

Pero el año 2018, antes de iniciar la temporada de fútbol, le ofrecieron ser capellán del equipo de futbol americano de la Universidad. Un desafío inesperado. Recuerda haber expresado que se sentía honrado, aunque no sabía mucho de fútbol. Y entonces –dice– los directivos le respondieron: «Nate, no necesitamos que orientes las jugadas. Pagamos a mucha gente mucho dinero para saber todo lo que hay que saber sobre el fútbol. Solo necesitamos que los lleves a Jesús». Y entonces, aceptó.

Griffin Eifert, graduado de la Escuela Secundaria Bishop Dwenger y receptor abierto del Notre Dame confidenció al Today’s Catholic que el Padre Wills es “uno de los tipos más accesibles que he conocido. Uno pensaría que como sacerdote sería un poco intimidante para quienes no son católicos. Pero él se acerca a todos y las personas que no son católicos se acercan a él. Realmente siempre ha estado ahí para nosotros, y podemos hablar con él sobre cualquier cosa”.

Si bien su rebaño puede ser más grande, más fuerte y rápido que una típica comunidad parroquial, los jugadores, entrenadores y miembros del personal bajo el cuidado espiritual del Padre Nate Wills tienen las mismas inquietudes y necesidades espirituales que todos los demás que participan en sus comunidades católicas locales. “Estos son niños realmente inteligentes que han venido aquí a Notre Dame por una razón”, afirma padre Nate. “Son grandes jugadores, pero podrían haber ido a cualquier parte a jugar. A menudo, una de las razones personales por las que están aquí es por crecer en su fe”.

“No soy digno”

Padre Nate cree que su misión es recordarles que un día el fútbol desaparecerá de sus vidas tal como ahora lo viven, pero hay más. “Es Cristo en tu vida; es vivir para Nuestro Señor y vivir para los demás. Es dar tu vida en servicio y en amor lo que es la fuente de la felicidad suprema. Es escuchar la palabra de Dios y recibirlo en la Eucaristía en la Misa. Eres un hijo amado de Dios antes y después de haber pisado el campo, y no hay nada que puedas hacer en tu vida para cambiar esa identidad”.

Con esa misma claridad, sabiendo que quien se confía a Dios recibe constantes cuidados y desafíos de su parte, padre Nate reconoce… “Si me hubieras dicho hace cinco años que en algún momento de mi vida iba a estar en el ESPN GameDay, te diría: «No, tienes al tipo equivocado». El hecho de que me dejaran evangelizar, básicamente durante un minuto, fue un privilegio increíble. Estaba muy nervioso, solo esperaba no haberlo estropeado. Pero ya sabes, es increíble ver el impacto que ha tenido. Por ejemplo, recibí un correo electrónico de un tipo en Utah que estaba viendo el segmento mientras se preparaba para el funeral de su hermano, quien murió repentina y trágicamente. Pensó que era genial que hubiera un sacerdote hablando de su fe en ESPN. Luego me oyó hablar de la medalla y de San Marcos, que era el nombre de su hermano. En su correo electrónico, dijo: «Sabes, este es un momento increíble en el que creo que Dios me está diciendo que todo va a estar bien». En momentos así pienso: «¿Quién diablos soy?’ No soy digno de hacer esto. No soy digno de ser In persona Christi. No soy digno de estar en este altar frente a toda esta gente, muchos de los cuales son mucho más santos que yo. A menudo pienso en el increíble privilegio que es hacer lo que hago, y me siento honrado de hacerlo”.

Fuente: Portaluz.org

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