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Oleh, el cura que salva vidas en Ucrania: “Hay que vivir la vida sacerdotal a tope”

Oleh, el cura que salva vidas en Ucrania: “Hay que vivir la vida sacerdotal a tope”

En medio de la devastación causada por la agresión de Rusia a los ucranianos, el cura salesiano Oleh Ladnyuk es signo de esperanza para centenares de sobrevivientes.

Una furgoneta recorre las golpeadas carreteras de Ucrania tan rápido como puede. Al volante va un sacerdote cubierto con chaleco antibalas, el padre Oleh Ladnyuk, con un simple propósito: ayudar a todos los sobrevivientes que encuentre. “He evacuado a más de 500 personas de zonas muy peligrosas, donde otros no irían”, cuenta a Vatican News, y confidencia que “después de un año, después de dos años, recibo mensajes de vez en cuando, incluso de gente que no conozco, diciéndome: «Una vez nos salvaste. Siempre lo recordaremos, te damos las gracias»”.

Luz en la oscuridad
Oleh Ladnyuk

Cuando estalló la guerra con Rusia, Oleh decidió que debía llevar a Cristo al frente de batalla. Dejó su ciudad, Dnipró, a sus alumnos de la escuela donde impartía clases de Historia, consiguió una furgoneta y se dirigió hacia los lugares más devastados del país.

Desde entonces, cada día pone su vida en riesgo por ayudar a quienes padecen de forma directa los ataques rusos. Ejerce así como capellán en el frente de combate, asistiendo a los soldados que luchan y a los civiles que sobreviven a los misiles, lleva ayuda humanitaria a los lugares destruidos y desde allí colabora en la evacuación de jóvenes y adultos.

El salesiano comenta que a menudo piensa en los evacuados más jóvenes “que tienen la posibilidad de vivir” –niños muchos de ellos– gracias a que Oleh los evacuó en su furgoneta.

Esta misión de alto riesgo ha fortalecido su propia vocación y así lo expresa a Vatican News: “Estoy contento, porque cuando dicen que hay que vivir la vida a tope –y más aún, vivir la vida sacerdotal a tope–, creo que quedarme es lo más grande que he podido hacer. Y cuando te has lanzado, ves que has hecho un montón de cosas buenas, que además has seguido vivo –porque ni siquiera eso se da por garantizado–, que has respondido a las exigencias de tu existencia… y todo eso es bueno”, agrega con emoción.

“Veo a Dios a través de ti”
Oleh Ladnyuk refugiados

Para su alma, el mejor tónico es poder llevar a Cristo y ver cómo la fe es un soporte fundamental para los ucranianos en esta experiencia extrema de la cruz. “Muchos me han dicho: «Veo a Dios a través de ti». Así que seguimos ayudando desde las parroquias a quienes están en primera línea; por ejemplo, desde la parroquia de Verkhniokamianske (región de Donetsk), que está rodeada en tres lados por los rusos”.

Con evidente emoción Oleh cuenta que “allí todavía están nuestros feligreses greco-católicos y fui personalmente a llevarles la felicitación de Navidad y luego iré para la Pascua de rito bizantino (n. de r. mayo de 2024) … Hace ya dos años que esta gente no acude a la iglesia porque fueron alcanzados por una bomba y todo el pueblo quedó destruido. Viven en el sótano, no quieren escapar de su pueblo, aunque se los he pedido muchas veces”, asegura.

Oleh Ladnyuk
A la izquierda, Oleh junto a la ermita de María en el centro de Verkhniokamianske. A la derecha, intimidad espiritual con los soldados de un batallón

¿Cómo ha vivido personalmente el acompañamiento de personas que han sufrido la pérdida de seres queridos durante estos más de dos años de guerra a gran escala? En su opinión, ¿qué es importante recordar cuando se intenta consolar a alguien?, le pregunta Svitlana Dukhovych de Vatican News.

“Cuando la gente está de duelo –comienza respondiendo Oleh…–, a menudo no escucha con los oídos, sino con el corazón. Las personas en duelo suelen estar enojadas con el mundo, también pueden estarlo contigo porque estás vivo mientras que su marido o su hijo ya no lo están… Lo más importante de todo es la presencia, tu presencia. Estar cerca ayuda mucho. Por ejemplo –recuerda–, en los primeros días de la guerra, cuando la gente me preguntaba: «¿Dónde está ese Dios? ¿No podemos verlo? Aquí todo está destruido, hay tantos muertos». Yo no respondía, pero me quedaba con esa gente y entonces me decían: «Ahora vemos a Dios en tu presencia entre nosotros» … La persona que está sufriendo no quiere un profesor en ese momento, sino alguien que esté cerca de ella, con quien pueda hablar de ese dolor que lleva dentro”, concluye.

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