Marcus Vinicius Muros es un joven biólogo que ejercía la carrera de sus sueños, gozaba de independencia financiera… pero sentía la falta de “algo que hiciera que mi vida mereciera la pena ser vivida”.
Marcus Vinicius es un enamorado de todo lo relacionado con la vida. Su deslumbramiento con los seres vivos lo llevó a estudiar Biología, ciencia que creyó su proyecto de vida… sin embargo, sería la Fuente Eterna de la Vida la que marcaría su camino. La naturaleza creada sigue siendo para él algo fascinante, pero es ahora el hombre, la obra maestra de Dios, el que concentra su atención y al que ayuda ahora a conocer a su Creador.
“La parábola del joven rico me interpelaba”

En entrevista con la Fundación CARF, Marcus recuerda que nació en una familia católica, activamente involucrada en las actividades de su parroquia. “Mis padres han sido maestros de fe para mi hermano y para mí. Ya de niño jugaba a celebrar misa. Conocí a muchos sacerdotes que iban a casa de mis padres… pero nunca pensé en ser uno de ellos”, asegura.
Sin embargo, todo cambió cuando tuvo la oportunidad de visitar el seminario de su diócesis, luego que los delegados de la pastoral vocacional fueran a su parroquia. Marcus reconoce que ese fue el primer momento en el que se planteó ser sacerdote, aunque había un gran obstáculo: “[para entonces] yo ya estaba trabajando; tenía mi trabajo y mi independencia financiera”. Podría decir que lo tenía todo, pero reconoce que “nada de lo que tenía me era suficiente. Me faltaba algo importante, algo que hiciera que mi vida tuviera sentido y mereciera la pena ser vivida. La parábola del joven rico me interpelaba mucho”, señala Marcus. Y así fue como finalmente en 2014 ese combate interior llegó a su fin e ingresó en el seminario para comenzar con su formación.
Una buena formación para el presente

Apenas un año después llegaría otro momento que marcaría su vida. Su obispo le envió a España para que prosiguiera allí su formación con estudios filosóficos y teológicos.“Jamás olvidaré los años de formación y oración en Pamplona”, asegura de entrada, detallando que “fueron mucho más que una preparación académica para el ejercicio del ministerio sacerdotal, fue una experiencia de la universalidad de la Iglesia”, además de “una buena preparación para lo que Dios me confía hoy”.
En 2021 Marcus recibió la ordenación sacerdotal. Forma parte del clero de la diócesis brasileña de Nova Friburgo, en Río de Janeiro, como administrador parroquial y formador del seminario. Todavía era diácono cuando el obispo lo nombró como “formador del Propedéutico, la etapa de inicio en el seminario”, cuando los jóvenes disciernen su vocación a la vida sacerdotal. Marcus ha querido ofrecer a esos jóvenes la mejor formación posible, para “que el amor a Dios y a la Iglesia nos impulse a dar lo mejor de nosotros mismos”.
Y añade convencido:
“Hoy, entre la parroquia y el seminario, busco dar lo mejor de mí, gastarme por las almas que el Señor me confía”.
La clave: una profunda vida de oración

El padre Marcus Vinicius está convencido de que “el sacerdote necesita un alma enamorada del Señor y disponible para, con fidelidad, servir a todas las personas. No son tiempos fáciles, pero todas las dificultades nos ayudan a confiar en Cristo y en su poder. Estamos en sus manos como instrumentos insuficientes, pero que el Señor desea para la realización de su obra”. Realización que requiere, sobre todo, “tener una profunda vida de oración. Quien no entienda que para ser un hombre de Dios se necesita mucha vida de oración, no es capaz de sacrificarse. Y es la intimidad con Cristo la que nos hace comprender que no somos solo celebrantes, sino también víctimas que todos los días se ofrecen por amor al Amado“, concluye.
Fuente: CARF





