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Creía que el baloncesto era su vida, pero el Espíritu Santo derramó en él la sed de eternidad

Creía que el baloncesto era su vida, pero el Espíritu Santo derramó en él la sed de eternidad

Nada fue igual para este deportista desde el instante en que el Espíritu Santo inflamó de amor su alma.

Antes de la agresión de Rusia, Sinj, también conocida como ‘Signo’, era una turística ciudad de Croacia, protegida entre cuatro montañas, a poca distancia del río Cetina. Entre sus atractivos figuraban los restos de una antigua fortaleza donde, confiados al auxilio de la venerada imagen de Nuestra Señora de Sinj, los habitantes lograron sobrevivir en 1715 al asedio de los otomanos; evento que hasta hoy –incluso bajo los ataques rusos– celebran con eucaristías y procesión de esa milagrosa pintura de la Virgen, cada 15 de agosto.

El joven deportista Luka Klarica, nacido en Sinj, creció escuchando esta y otras historias de la devoción popular a la Santísima Virgen. Pero, aunque era católico de cuna, su pasión no eran las cosas de Dios, sino el deporte. De hecho, sus habilidades natas y elevada estatura, lo engancharon al basquetbol desde los nueve años. Ya entrada la juventud, su talento deportista lo llevó a ser contratado por el Split, club en la ciudad del mismo nombre y uno de los equipos profesionales más exitosos en toda Croacia.

Recordando esos años para el portal Aleteia en Eslovenia, Luka dice que su éxito deportivo marcó también el comienzo de “un periodo más turbulento de mi vida, lleno de altibajos”. Y hubo dificultades serias: durante un procedimiento médico rutinario, una bacteria se introdujo en el hueso de su talón, causándole una herida purulenta que le obligó a un largo tratamiento. Pero la enfermedad no fue suficiente para desistir de su pasión deportiva, pues estaba determinado a conseguir “el éxito, la fama y el bienestar material”.

Encuentro inesperado
luka klarica

Habían transcurrido algunos meses desde su regreso a las canchas, batallando por alcanzar esos objetivos de éxito humano cuando un día aceptó la invitación de su hermano, Kresimir, y le acompañó a un momento de oración en una comunidad parroquial. Ni siquiera se imaginaba lo que allí comenzó…

“Escuché la catequesis sobre Dios de una manera nueva e inusual”, recuerda, pues “se trataba de Jesús verdaderamente vivo, que todavía hoy se aparece a quien quiere, cuando quiere y donde quiere”. Luka recuerda además que allí comenzó a escuchar por primera vez testimonios de curaciones, conversiones, obras maravillosas de Dios… “¡Se abría ante mí todo un mundo nuevo, del que antes no había sido consciente!”, exclama con emoción.

Durante unos meses, el joven deportista acudió a las reuniones de esa comunidad de oración con la misma disciplina que tenía para el baloncesto. Siempre estaba ávido por aprender algo nuevo sobre Dios. Y entonces, durante una oración, se produjo algo que cambió su vida.

Luka lo describe como si el Espíritu Santo se hubiera apoderado de su alma, de su cuerpo y de su corazón. “Pude literalmente sentirlo, palparlo… Fue un maravilloso toque del Cielo”, explica, reviviendo aquel instante en que “el amor de Dios inundó mi corazón, mi mente se iluminó, me alegré al saber que Jesús está vivo, que el Espíritu Santo existe… A partir de ese momento comenzó mi convivencia con Jesucristo … y supe que Dios es el éxito que yo buscaba”, asegura.

¿Y ahora?

Luka sentía vibrar su corazón con una plenitud que no había encontrado en la cancha de baloncesto. A la par, crecía en él la certeza de que Jesús lo invitaba a abandonar las canchas de juego y seguirlo en el sacerdocio. No quedaba duda alguna para él: ése era su camino… pero ahora debía comunicarlo a sus padres.

“Fue muy difícil darles la noticia porque ninguno de los dos era creyente activo”, comenta Luka. “No comprendían la bendición de tener un hijo sacerdote”, continúa, “así que mi madre empezó a llorar de pena, y para mi padre fue una decepción”.

Pero Dios no se dejaría vencer en generosidad, y la entrega a Cristo del hijo acabaría convirtiendo también el corazón de los padres. Ocho años después de aquella difícil conversación la madre de Luca fue a confesarse. Era víspera de Pentecostés. El sacerdote la escuchó, le dio la absolución y a continuación fue con ella ante el Santísimo Sacramento para orar juntos. Luka cuenta que entonces “se produjo un acontecimiento milagroso… Ella experimentó una paz sobrenatural indescriptible y un amor de Dios que nunca antes había sentido, y me dijo por primera vez: «Hijo mío, solo ahora puedo comprenderte»”. Cuando llegó la primera misa de Luka como sacerdote, ambos padres lloraron de alegría…

Luka junto a su hermano y sus padres

De esta experiencia familiar, Luka extrae una sabia recomendación: “Si hay padres leyendo esto cuyos hijos han elegido una vocación espiritual, me gustaría decirles que Dios no pudo haberles concedido gracia más grande”, señala. “Los animo a rezar por sus hijos y a entregarlos de todo corazón al corazón de Dios”, resalta, observando además que a través de esos jóvenes “Dios quiere salvar, consolar y alegrar a muchas otras almas”.

P. Luka durante una jornada espiritual en la Parroquia Nuestra Señora de Zdravlja

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